SIN COMICS NO HAY LECTURA

No cabe la menor duda que la comprensión lectora de los alumnos de enseñanza básica, media e incluso universitaria, deja bastante que desear, y la solución no existe ni existirá por los métodos que se están "innovando" con objeto de sacar el problema del ataúd en que se encuentra.

La razón sigue siendo, como siempre, que se está tratando de intervenir por el punto que no es. No es necesario ser una eminencia para entender el proceso de la lectura.

La lectura parte de la infancia y sigue un proceso que es igual y normal en todos los países del mundo; menos en Chile.

En Chile no hay comics.

¿Acaso algún doctor egresado de universidades extranjeras se ha parado a estudiar este proceso?

Claro, es tan simple y tonto que no merece la pena evaluarlo.

Veamos... ¿en qué consiste el proceso de aprender a leer?

1.       Lo primero que tiene que aprender el niño son las letras. Esto lo soluciona Plaza Sésamo, aunque últimamente no he visto mucho de eso (alguien me dijo que era un programa subversivo).

2.       Una vez que el niño aprendió las letras tiene que distinguir las vocales de las consonantes.

3.       Después de eso deberá aprender a reconocer los sonidos que se crean al colocar juntas las letras.

Hasta aquí todo ha sido tedioso, el niño se rebela, es, para él un aprendizaje inútil, no entiende para que le fuerzan a hacerlo. De ahí viene el éxito de Plaza Sésamo, el aprendizaje se hace jugando y con música.

Pero de pronto el niño se encuentra frente a un hito importante en su vida: aprendió a leer.

Se dio cuenta que al unir las letras de cierta manera y decir el resultado en voz alta, equivalía y sonaba igual a palabras que él conocía y se encontraban en su vocabulario.

¡Increíble! Muchos de nosotros aún nos acordamos de ese, tan importante momento de nuestras vidas.

Uno había subido de nivel, de categoría, había madurado, había encontrado una herramienta que ahora la podías manejar, ya no necesitabas que te leyeran, ahora lo podías hacer solo; no importaba la edad, 4, 6, u 8 años.

De repente el niño se ve frente a una enorme pared. El aprender a leer una palabra, no es lo mismo que leer las historias que tanto nos gustaban que nos leyeran. Perdíamos mucho tiempo uniendo las letras que cuando, después de mucho esfuerzo, terminábamos, se nos habían olvidado las otras y costaba entender la frase.

En este punto, si no hubiera sido por los libros de cuentos infantiles y, sobre todo los comics, nos encontraríamos ahora todos, igual que la mayoría de los niños chilenos.

A esa edad la mente del niño es una esponja, necesita soñar de vivencias que desconoce y sobre todo de aventuras imposibles.

Ese es precisamente el momento del comic, con sus dibujos arrastra la fértil mente infantil y le obliga y fuerza a la lectura. ¡Pero es tan poca!... El niño muerde el anzuelo y apoyado en su incipiente lectura deja su mente vagar por los mundos impensables y desconocidos dónde le llevan los dibujos. En su éxtasis, quiere saber más y se ve forzado a leer unas pocas palabras.

De esta manera su lectura se va haciendo cada vez más fluida y llega al punto crucial y más importante de todo: la lectura es solamente una herramienta que se injertó en él. La lectura no cuenta, lo importante es la vivencia.

Sin poder apoderarse, adueñarse, vivir, lo que el libro dice, no hay lectura, por mucho que se sepan unir las letras y se conozcan las palabras.

El foco de los educadores chilenos se centra en la herramienta y no en lo que produce y crea.

De esta manera el proceso es irreversible. A cierta edad, es difícil incentivar a la lectura a no ser que enseñemos en las universidades por medio de comics.

Pero claro, los comics, un "commodity" que abunda en todos los países menos en Chile, no se consigue en el país puesto que, como todo lo que fomenta cultura tiene que pagar impuestos, obviamente no son asequibles a todos los bolsillos, solamente a los pudientes.

Señores políticos, ¡háganme caso! No inviertan el dinero en cosas sin solución. Quiten el IVA a la lectura y, en lugar de computadores, regalen a los niños comics, inunden las salas de clase con comics, son mucho más baratos y solucionan de un plumazo el problema de la comprensión lectora en Chile y, ¿quién sabe?, con la inventiva chilena, casi seguro que crean nuevas fuentes de trabajo a los cuales podrán cobrar sus tan apetecidos impuestos.

 

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